¿Y si esa idea que no te suelta existe por una razón?
Compartilhar
¿Te pasó alguna vez que una idea vuelve una y otra vez a tu mente?
No importa si pasan semanas, meses o incluso años.
Ahí sigue.
Aparece cuando estás caminando.
Cuando te estás bañando.
Cuando ves a alguien haciendo algo parecido.
Cuando imaginás cómo podría ser tu vida si finalmente te animaras.
Y aunque intentás enfocarte en otras cosas, la idea vuelve.
Muchas personas creen que eso significa que deberían actuar inmediatamente.
Otras creen que significa que están procrastinando.
Pero creo que existe una tercera posibilidad.
Y es que algunas ideas llegan antes de que estemos listos para ejecutarlas.
Vivimos en una época donde todo parece tener que pasar rápido.
Resultados rápidos.
Dinero rápido.
Éxito rápido.
Pero cuando miramos la naturaleza, vemos algo completamente distinto.
Un árbol no crece de un día para otro.
Una semilla no florece porque alguien tenga apuro.
Todo tiene un proceso.
Todo tiene etapas.
Y nosotros también.
Hace más de dos años pedí una muestra de una remera.
No porque el diseño fuera perfecto.
No era.
Hoy haría algo completamente diferente.
Pedí porque quería entender la calidad.
La tela.
La impresión.
La experiencia.
Quería saber si una idea que tenía en mi cabeza realmente valía la pena.
En ese momento no existía una tienda.
No existía una colección.
Solamente existía una intuición.
Durante estos años usé esa remera para todo.
Para cocinar.
Para entrenar.
Para caminar.
Para limpiar.
Lavé incontables veces.
Y todavía sigue conmigo.
Pero acá lo interesante no es la remera en sí.
Lo interesante es que la idea detrás de ella tampoco desapareció.
Mirando hacia atrás entiendo algo.
Que yo estaba dando uno de los primeros pasos de un proyecto que todavía no estaba lista para construir.
Y creo que eso nos pasa a muchos más seguido de lo que imaginamos.
Hay personas que saben que quieren escribir un libro.
Otras saben que quieren emprender.
Algunas quieren cambiar de profesión.
O mudarse.
O crear contenido.
O empezar algo que sienten profundamente suyo.
Pero pasan los años y todavía no lo hacen.
Y eso puede generar frustración.
Pero entendí algo importante.
Y es que no siempre estamos demorando una idea.
A veces nos estamos preparando para ella.
Muchas de las habilidades que tengo hoy no tenía hace dos años.
Aprendí amadoramente sobre diseño.
Sobre ecommerce.
Sobre inteligencia artificial.
Sobre herramientas digitales.
Sobre creación de contenido.
Sobre comunidades.
Sobre marketing.
Aprendí a comunicarme mejor.
Y muchas veces no entendía por qué estaba aprendiendo determinadas cosas.
Simplemente sentía curiosidad.
Hoy veo que nada fue una pérdida de tiempo.
Todo terminó conectándose.
Todo terminó aportando algo.
Todo terminó construyendo una parte del camino.
Por eso te recomiendo algo muy muy simple.
Anotá tus ideas.
No confíes en tu memoria.
Guardá notas.
Hacé capturas.
Escribí pensamientos.
Grabá audios.
Creá carpetas.
Porque nunca sabés cuál de esas ideas va a convertirse en algo importante dentro de unos años.
También te recomiendo que sigas aprendiendo.
Aunque todavía no sepas exactamente para qué.
Especialmente hoy.
Porque vivimos en una época donde la tecnología está cambiando el mundo a una velocidad impresionante.
Aprender a utilizar nuevas herramientas puede abrir puertas que hoy ni siquiera imaginás.
Puede acercarte a personas.
A proyectos.
A oportunidades.
A versiones de vos mismo que todavía no conocés.
Pero no te quedes solamente aprendiendo.
Tomá acción.
Pequeña.
Imperfecta.
Incompleta.
Pero acción al fin.
Las ideas necesitan tiempo para madurar.
Pero también necesitan movimiento para convertirse en realidad.
Con el tiempo entendí que no todo lo que tarda está parado.
Hay cosas que están creciendo debajo de la superficie.
Hay procesos que no se ven.
Hay piezas que todavía se están acomodando.
Y muchas veces recién años después entendemos por qué las cosas pasaron como pasaron.
Si hay una idea que sigue apareciendo en tu mente una y otra vez, prestale atención.
No porque tengas que abandonar todo mañana.
No porque tengas que correr.
Sino porque quizás está intentando mostrarte una dirección.
Y mientras esa dirección se vuelve más clara, seguí preparándote.
Seguí aprendiendo.
Seguí creciendo.
Seguí creando.
Tomá notas.
Probá cosas nuevas.
Confiá en el proceso.
Porque puede que hoy no entiendas por qué estás viviendo determinadas experiencias.
Puede que todavía no veas cómo encajan todas las piezas.
Pero un día vas a mirar hacia atrás y vas a entender algo que hoy parece imposible de ver.
Que nada fue casualidad.
Que cada aprendizaje tuvo un propósito.
Y que todo estaba tomando forma exactamente como tenía que tomar forma.
Si querés entender mejor cuáles son tus talentos, desafíos, potenciales y la energía que viniste a desarrollar en esta vida, un estudio numerológico puede ayudarte a mirar tu camino desde una perspectiva completamente diferente.
Porque cuando entendemos quiénes somos, muchas veces también entendemos hacia dónde queremos y tenemos que ir.
Besiiiis